Blanco chopo para una famosa talla negra .

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moreneta_detallePodemos imaginar al artesano eligiendo un tronco recio del más alto de los chopos que, apenas iniciado el invierno, se mece con el viento en un bosque de ribera.

Nuestro oscuro personaje sabe que, con luna menguante, el tronco no se astilla.

El color de la madera es más blanco de lo habitual. La madera de álamo es algo amarillenta, apenas tiene vetas ni anillos de crecimiento. No aguanta la intemperie y es objetivo fácil de los bichos. ¡Malditos insectos!, se dice a sí mismo. No respetan la blancura ni cuando encierra en su interior algo grande.

Los habitantes de la ribera no hubieran llorado la arrogante estampa del gigante, si hubieran sabido que 95 cms del esqueleto del álamo, ahora derribado por el hacha, iba a recibir transcurridos 900 años, miles de visitas diarias.

 

 

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No todos los árboles que mueren a hachazos son tan afortunados.

Nuestro artista trabaja, con gubia, la madera porosa pero noble, no se astilla ni se abre, pero si produce repelo al ser lijada. ¡Blanca eras, tu pureza mantuviste cuando fuiste árbol, blanca has de ser mientras yo viva!.

La talla está acabada. Una madre acoge en sus rodillas a un niño. En la derecha una esfera, la izquierda se apoya en el costado del niño que lleva una piña en una mano, mientras bendice con la diestra.

La policromía va a cubrir toda la imagen. La albura, que tanto admiró nuestro tallista, va a ser cubierta. Los contratantes no entienden de madera. Ha de ser dorada en toda su superficie, excepto las manos y el rostro de la madre y su niño.

 

Un blanco purísimo será añadido, con pincel, para no olvidarse de su origen. ¡La última rebeldía del artista!.

moreneta

Tiene, nuestra talla, las características propias de su siglo, el XII. Unos niños, ¡quién sino!, la encontraron en una cueva. Sus 75 Kgs de peso impidieron sacarla a la luz. El pueblo intentó llevársela de allí pero no había forma de levantarla del suelo. Era la imagen de una virgen de rostro y manos negras.

Un templo fue construido a su alrededor.

 

El entorno de la montaña mágica es un auténtico capricho de la naturaleza. Situado al oeste del río Llobregat se alza hasta los 1.236 metros. Resultado de un proceso geológico que ha durado millones de años, los depósitos de un mar de la era terciaria, unieron materiales blandos y duros de forma que, el tiempo, ha tallado agujas que miran al cielo, dando lugar a un auténtico "monte aserrado.

Miles de visitantes emprendieron el camino para ver a nuestro álamo con forma de virgen negra. La primera restauración de la imagen se llevó a cabo en el siglo XVI. Sobre la policromía blanca original existe una capa de pintura de color castaño que se aplicó para no cambiar el color que entonces tenía la talla que veneraban multitud de peregrinos.

montserratLuego, sucesivas restauraciones, cada 300 años, han mantenido al álamo de la virgen negra en buenas condiciones de conservación.

Hemos heredado muchas imágenes negras del románico. Se ha intentado encontrar la causa de su color. Sabemos perfectamente por qué es negra “ La moreneta”. No es ni el humo de las velas, ni la humedad de la Santa cueva, ni el fruto de un incendio.

A nuestro artesano le jugó, sin saberlo, una pasada el destino. Quiso perdurar la fantástica blancura de la madera del álamo, que un día cortó, y para ello la protegió con la mejor y más blanca pintura de su época.

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El albayalde, un carbonato básico de plomo obtenido de un mineral, llamado cerusita, ha sido utilizado como pigmento,desde antiguo hasta principios del siglo XIX. Durante siglos, ha sido el único color blanco de calidad. Su blancura era muy valorada, pero su uso presentaba dos inconvenientes importantes:

 

 

Es fuertemente tóxico, los operarios que lo fabricaban enfermaban a los pocos meses y, tiende a oscurecer con el paso del tiempo, debido al efecto del gas sulfhídrico, contaminante del aire, que produce sulfuro de plomo negro, muy negro.

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En la actualidad, el sulfuro de zinc

y el dióxido de titanio ofrecen un tono blanco excelente sin ser tóxicos ni oscurecer con el tiempo.

El análisis de la imagen concluye, según el abad, que el rostro de la talla es el original, pero las manos y el niño sentado en el regazo de la Virgen son de épocas posteriores.

'Continuaremos haciendo todo lo que esté en nuestras manos para conservar la imagen de la Virgen tal como la hemos recibido de nuestros antepasados. En ningún momento se nos ha ocurrido cambiarle el aspecto ni el color', aseguró el abad.

 

 

 

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